
SIN TABÚ
6 de enero de 2026
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8 de enero de 2026Aunque la historia tenga una fuerte connotación religiosa, pienso que da igual, que es una bonita leyenda y muy apropiada para el día de hoy. Se trata de la historia de Artabán “el cuarto rey mago”
Cuenta una antigua leyenda, a decir de algunos de textos muy antiguos, que el rey Artabán había quedado con otros tres Melchor, Gaspar y Baltasar, venidos de diferentes puntos del planeta, para encontrarse en un lugar concreto, y desde allí partir todos juntos en busca de Jesús, el Mesías prometido, para ofrecerle valiosos obsequios en señal de pleitesía.
Melchor, Gaspar y Baltasar, llegaron a tiempo a la cita, pero viendo que Artabán se retrasaba decidieron partir sin él, de esta forma pudieron entregar al niño sus presentes, oro incienso y mirra. Pero mucho de lo que algunos pudieran pensar, el cuarto rey tuvo una razón muy poderosa que justificaba su impuntualidad.
Artabán llevaba consigo una gran cantidad de piedras preciosas para ofrecer a Jesús, pero cuando viajaba hacia el punto de reunión encontró en su camino a un anciano enfermo, cansado y sin dinero. Artabán se vio envuelto en un dilema, quedarse y ayudar al anciano o continuar su camino para encontrarse con los otros reyes. Obedeció a su corazón, se quedó con el anciano hasta que este se recuperara.
Decidido a cumplir su misión, Artabán emprendió en solitario un largo camino sin descanso hasta Belén para adorar al niño, pero al llegar, Jesús había nacido y José y María estaban rumbo a Egipto, la matanza de los inocentes ordenada por Herodes había comenzado.
Artabán emprendió entonces un viaje en el que, por donde quiera que pasaba, la gente pedía su auxilio, y él, atendiendo siempre a su noble corazón, ayudaba sin detenerse a pensar que el obsequio de piedras preciosas que cargaba, poco a poco se reducía sin remedio. En su andar, Artabán se preguntaba: ¿Qué podía hacer si la gente le suplicaba por ayuda? ¿Cómo podría negarle ayuda a quien la necesitaba? Y así pasaron los años, entre búsqueda y búsqueda y entre ayuda y ayuda.
Treinta y tres años después el viejo y cansado Artabán llegó por fin a donde los rumores le habían llevado en su larga búsqueda por Jesús. La gente se reunía en torno al monte Gólgota para ver la crucifixión de un hombre que, decían, era el Mesías enviado por Dios para salvar las almas de los hombres. Artabán no tenía duda en su corazón, aquel hombre era quién había estado buscando durante todos esos años.
Con un rubí en su bolsa y dispuesto a entregar la joya pese a cualquier cosa, Artabán encaminó sus pasos hacia aquel monte, sin embargo, justo frente a él apareció una mujer que era llevada a la fuerza para ser vendida como esclava como pago por las deudas contraídas por su padre. Artabán la liberó a cambio de la última piedra que le quedaba de su basto tesoro.
Triste y desconsolado, nuestro cuarto rey mago se sentó junto al pórtico de una casa vieja. En aquel momento, la tierra tembló de forma brusca y una enorme piedra golpeo la cabeza de Artabán, el temblor aquel anunciaba la muerte de Jesús en la Cruz.
Moribundo y con sus últimas fuerzas, el cuarto rey imploró perdón por no haber podido cumplir con su misión de adorar al Mesías. En ese momento, la voz de Jesús se escuchó con fuerza: “Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste”. Artabán, agotado, preguntó: ¿Cuándo hice yo esas cosas? Y justo en el momento en que moría, la voz de Jesús le dijo: Todo lo que hiciste por los demás, lo has hecho por mí, pero hoy estarás conmigo en el reino de los cielos.

