
SIN TABÚ
30 de diciembre de 2025
Pascualita
1 de enero de 2026«Te adoro, Manuel. Todo mi vivir se concentra en este pensamiento y en este deseo: el beso que puedo darte y recibir de ti»
(Gabriela Mistral)
Eran otros tiempos, unos tiempos donde “k” aún se escribía “que”
Recuerdo que siendo un niño y mientras paseaba con mi Tío por los alrededores del antiguo Mercat de Sant Antoni de Barcelona, este me contaba que todas esas pequeñas tiendas exteriores del mercado, en otros tiempos estaban ocupadas por los “escribidores de cartas”, personas de fácil lectura y escritura entendible que se ganaban la vida al convertirse en intermediarios de padres con hijos que vivían allende de nuestras fronteras, bien fuera por motivos políticos o económicos, de novias cuyos novios se encontraban haciendo aquello a lo por entonces se llamaba “Mili”, servicio militar obligatorio, o simplemente de amigos separados por el éxodo de las zonas rurales a las grandes ciudades.
Aun hoy, sigo pensando a menudo en las historias que debían de esconder aquellas cartas. Historias de amor, de desamor, de prosperidad o de frustración, historias que siempre se encabezaban con “Espero que al recibo de esta te encuentres bien, por aquí bien a Dios gracias”, algo parecido al xD con que ahora acaban los mensajes de wassap, esos que tanto daño han hecho a la comunicación escrita, y que reconozco que a mí, algunos, incluso llegan a dañarme los ojos.
Cartas perfumadas, cartas con tinta corrida por lágrimas derramadas mientras se escribían, cartas con hambre contenida o con sueños incumplidos, cartas amarillas como dice la canción del gran Nino Bravo, ya no se escriben cartas. Ahora las declaraciones de amor, las experiencias de vacaciones o los saludos desde kilómetros de distancia se envían por mensajes, por facebook, por twitter o por Instagram, las únicas cartas que aún perduran son las cartas amarillas.
Ya no te escribo te amo, ahora te envió un emoticono con un corazón, al igual que un emoticono ha sustituido los besos al aire, y las palabras han sido sustituidas por abreviaturas con dibujitos,
emulando a los pasatiempos con los que hasta no hace tanto tiempo acostumbrábamos a pasar el rato en los largos viajes o en las esperas.
Ya tan solo quedan cartas amarillas, recuerdos de otros tiempos, unos tiempos en los que éramos capaces de dar forma a nuestras vidas a través de las palabras escritas, ese tiempo, ese del que ya solo nos quedan las cartas amarillas.
Y busqué entre tus cartas amarillas
mil te quiero, mil caricias
y una flor que entre dos hojas
se durmió.
(Cartas amarillas – Nino Bravo)

