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Carmen Amaya: La reina del flamenco
Carmen Amaya Amaya, conocida como La Capitana, fue una de las bailaoras y cantaoras de flamenco más legendarias e innovadoras de la historia. De origen gitano, revolucionó el baile flamenco con su estilo enérgico, viril y apasionado, combinando la gracia femenina con un zapateado frenético y potente típicamente masculino.
Nació en el barrio de Somorrostro (Barcelona), en una barraca junto al mar, en una familia gitana dedicada al flamenco. Su padre era el guitarrista José Amaya «El Chino» y su madre Micaela Amaya Moreno. Aunque muchas fuentes tradicionales indican el 2 de noviembre de 1913, investigaciones recientes (como las de Montse Madridejos) apuntan a 1918 como año más probable, basado en padrones y fotografías de la época.
Debutó muy niña (alrededor de los 4-6 años) acompañando a su padre en tabernas y cafés de Barcelona. Su talento precoz la llevó a actuar en teatros como el Español de Barcelona. En 1929 formó el Trío Amaya con su tía Juana «La Faraona» y su prima María, actuando en París y otros lugares.
En los años 30, colaboró con el guitarrista Sabicas (con quien tuvo una relación amorosa y artística), y se consolidó en Madrid y Barcelona. Con el estallido de la Guerra Civil en 1936, emigró a América, donde triunfó en Argentina (donde hay un teatro con su nombre), Brasil, Cuba, México y Estados Unidos.
En EE.UU. actuó en Carnegie Hall (1941), fue portada de la revista Life, bailó en la Casa Blanca para el presidente Franklin D. Roosevelt (quien le regaló una chaquetilla bolero con joyas), y participó en películas de Hollywood. Su éxito internacional la convirtió en la mayor difusora del flamenco fuera de España.
Regresó a España en 1947, ya como estrella mundial. En 1959 se inauguró en Barcelona la Fuente Carmen Amaya en su barrio natal, y actuó en Londres y Madrid. Se casó en 1952 con el guitarrista Juan Antonio Agüero.
Participó en varias películas, como La hija de Juan Simón (1935), María de la O (1936), y su última, Los Tarantos (1963), nominada al Oscar. El rodaje en frío agravó su enfermedad renal.
Falleció el 19 de noviembre de 1963 en Begur (Girona), a los 45 años (o 50 según fuentes), debido a una insuficiencia renal. Murió en la pobreza relativa, pese a su fama, y fue enterrada con gran duelo popular.
Carmen Amaya es recordada como «la mayor bailaora de flamenco de todos los tiempos». Su legado incluye monumentos en Barcelona (fuente y parque), homenajes mundiales y su influencia en generaciones de artistas. Admirada por figuras como Orson Welles, Greta Garbo o el rey Alfonso XIII, transformó el flamenco en un arte universal.





